El Truco Final

Dirigida por Christopher Nolan, El Truco FinalThe Prestige, como es su título en inglés, es una de esas películas que logran sorprender de verdad.

Por si no fuera poco una dirección impecable, unos actores de categoría, incluyendo a David Bowie encarnando al científico-mago Nikola Tesla, nos encontramos con una historia que atrapa desde el primer minuto.

El tema principal de la película bien podríamos decir que es el “Sacrificio” y la “Ilusión”. Dos jóvenes aprendices de mago, cuyo anhelo es alcanzar la excelencia, compitiendo por el mejor truco de magia.

La película logra ser el claro y fiel reflejo de este, nuestro mundo, donde los valores más apreciados nada tienen de real y todo el mérito es otorgado al artificio, la ilusión y la apariencia.

Al igual que el público que va a ver un espectáculo de magia, en busca de risa y entretenimiento, no se plantea qué ha pasado con el pájaro que ha desaparecido, nosotros de igual modo, no nos preguntamos cuánto sufrimiento hay detrás de todo el mundo material que nos rodea, siempre y cuando disfrutemos con el.

No nos importa la vida del elefante o del león del circo, siempre y cuando nos brinden un buen entretenimiento. No nos importa el sufrimiento de una vaca, siempre y cuando el tetrabrick con su leche esté cuando abramos la nevera. No nos planteamos cuántos canguros han tenido que ser asesinados para que nuestras zapatillas de deporte luzcan impecables y a la moda. No nos importa en absoluto, los animales que han tenido que ser viviseccionados, siempre y cuando nuestro espléndido maquillaje de las marcas más publicitadas de televisión, esté bien a mano.

Algunos a estas “tendencias” de comportamiento las llaman “programación“. Incluso los hay quienes aseguran, que la educación y la publicidad son los instrumentos de manipulación y programación humana, que los que ejercen el poder, utilizan para “guiar nuestra forma de comportarnos“.

¿Hasta cuánto estamos dispuestos a “sacrificar”?

Tal vez ese sea el problema de nuestra humanidad. Que no somos genios. Tan sólo magos en busca de un reconocimiento, de un aplauso.  Hemos hecho de este mundo un escenario en el que para conseguir “sorprender“, hay que ensuciarse la manos, ya sea con la sangre de una paloma o de un ser humano. Siempre y cuando hagamos creer a nuestro público, que la ilusión de la “apariencia” es “real“.

Nikola Tesla aparece en la película como el verdadero mago, resaltando algunos matices de su vida, como el dotar de electricidad a una ciudad entera, o su enemistad con Edison.

Es la paradoja de que la ciencia finalmente puede hacer realidad lo que sólo hacemos creer es una ilusión. La pregunta entonces es, ¿realmente merece la pena, explotar los recursos científicos sólo para crear monstruosidades? Al parecer, los que han manejado los hilos hasta ahora, así lo han creído, ya que Tesla fue renegado al más absoluto olvido, sus descubrimientos fueron requisados y por supuesto, sus intenciones de dotar de energía libre y gratis a la humanidad, fueron totalmente aplastadas, cual paloma de mago dentro de la jaula que va a desaparecer.

“El espectador busca el secreto, pero no lo encuentra porque no investiga de verdad.

En realidad no quiere saberlo…

quiere ser….

engañado.”

M A G N Í F I C A

Karen Alvarez
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