Insatisfacción

Una chica de unos 17 años entra en una cafetería. Su cuerpo es el triple de lo que debería ser. Lleva un gran bolso. Se acerca al mostrador y hace su pedido. Seguidamente se sienta en la mesa que hay justo a mi lado. Está sola.

La miro disimuladamente. Hoy hace un maravilloso día en Edinburgo. La primavera nos ha bendecido con su presencia y hace un día precioso de Sol y buena temperatura. Sin nubes, esta ciudad parece muy diferente.

La chica ha sacado un libro de su enorme bolso y lee. En ningún momento noto que alce la vista para mirar a su alrededor, hacía el mundo y la vida que nos rodea. Hacía la luz que hoy nos regala el invierno sin fin de Escocia.

El pedido llega a su mesa. Aquí sirven rápido: Un bocadillo y un helado gigante…

Intento imaginarme qué lleva a una chica de su edad a una situación tan concreta. Me pregunto si será su descanso en el trabajo. Enseguida lo descarto. Probablemente sea estudiante.

Mi primer pensamiento es: “no existe una cultura del alimento. No existe un conocimiento de qué es bueno y qué no es bueno comer”. Las reflexiones comienzan su actividad. Un pensamiento da lugar a otro…

¿Qué es lo que hace que alguien “desee” un tipo de comida que no le beneficia, y que daña su salud y su imagen de una forma tan evidente?

Quien ha “diseñado” “el sistema” lo ha hecho de forma muy minuciosa y perfecta. Desde un conocimiento total y completo de quienes somos y de cuáles son nuestras “debilidades

El objetivo del sistema en sí es la creación de “mentes insatisfechas“. Si nos dejaran percibir el conocimiento de que no necesitamos nada para ser felices, este sistema automáticamente desaparecería. Su existencia tendría los días contados.

Un Ser humano, por encima de todas las cosas, busca satisfacción. Este sistema y “sus creadores” lo saben muy bien, con lo cual crean “pequeños caprichos” para satisfacer esas mentes inquietas que andan en busca de esa “satisfacción“.

Es por eso, que esa chica busca cosas que, aunque no le ayuden en su salud y en definitiva no le ayuden a sentirse bien con ella misma, cubran por un momento, por unos segundos, su “necesidad” de satisfacción.

Los diseñadores son muy buenos. Crean “nuestras necesidades” de forma muy atractiva. Por eso nos gusta todo lo bonito. Por eso nos gusta todo lo “bueno”.

Este sistema no tendría ningún sentido si nos experimentáramos comos Seres Satisfechos. ¿Quién necesitaría entonces ir a trabajar para poder pagar el precio de un precioso y necesario “momento de satisfacción”?

Elucubraciones desde un PLANETA PRISIÓN.

Karen Alvarez
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