Qin Shi Huangdi, el primer Emperador de China ¿Extraterreste?

Tal día como hoy, 10 de septiembre del 210 a. c. moría Qin Shi Huangdi.
Cuenta la leyenda que su madre se hallaba en la ladera de una montaña, cuando de repente apareció volando un enrome dragón de los cielos. Se desmayó y cuando despertó había salido el sol y estaba embarazada del que sería el primer emperador chino, Qin Shi Huangdi. Muchos entendidos en el fenómeno extraterreste atribuyen este nacimiento a una concepción alienígena.
Comenzó su reinado con 13 años de edad. Unificó toda China no sólo geográficamente sino también en lo legal, lo monetario, lo politico y lo lingüístico. Más tarde asumiría el nombre de Shih Huang Ti, que significa “el primer emperador”.
Ordenó una de las mayores quema de libros de la historia. Obligó a sacrificar todas las obras literarias, históricas y filosóficas (particularmente las confucianas), aunque salvó del fuego a muchos tratados científicos y, por suerte, ordenó que se conservara un ejemplar de cada obra quemada, el cual sólo podía ser consultado por alto mandos del gobierno. La tradición y el pasado quedaron así prohibidos bajo pena de muerte. Se ha llegado a afirmar que 460 sabios que desacataron la orden fueron enterrados hasta el cuello y decapitados, y el famoso sinólogo Herbert Giles ha escrito que quienes ocultaron libros destinados a la hoguera terminaron marcados con un hierro candente y condenados a construir, hasta el día de su muerte, la famosa muralla. Corre también la leyenda de que el Cielo se enfadó tanto con el emperador que dejó caer una piedra grabada con unas frases amenazadoras.
Entre las cosas que se le atribuyen están la contrucción de la Gran Muralla China y el invento de la brújula.
Existe una colección de leyendas escritas en el Periodo de los Estados combatientes que cuentan historias extravagantes acerca de este emperador:
Huang-ti vivió en un maravilloso palacio en las Montañas Kunlun en el oeste, con un celeste guardián en la puerta que tenía la cara de un hombre, el cuerpo de un tigre y nueve colas.
Las Montañas Kunlun estaban llenas de pájaros y animales raros y exóticas flores y plantas, y Huang-ti tenía una mascota, un pájaro que le ayudaba a cuidar su ropa y efectos personales.
A Huang-ti se le atribuye la invención de la carreta, el bote y el carro que apuntaba al sur, un carro que tenía un mecanismo guía que hacía que siempre indicase al sur sin importar hacia donde fuese el carro (brújula).
En otras fuentes también se le atribuye la creación de la humanidad o invención de la escritura o el compás.
A Huang-ti también se le atribuye el descubrimiento de las leyes de la astronomía y el diseño del primer calendario utilizado por los chinos.
Uno de los relatos más conocidos sobre Huang-ti, nos narra cómo este personaje encargó a Tch’ong-li romper la comunicación entre la tierra y el cielo, a fin de que cesaran los descensos de los dioses.
Según esta leyenda, en una época primordial, anterior al mundo tal y como lo conocemos, el cielo y la tierra estaban muy próximos entre sí.
Así, los dioses podían descender a la tierra y los seres humanos llegar al cielo, escalando una montaña, o bien subiendo a un árbol o utilizando una liana larguísima.
Los dioses descendían a la tierra para oprimir a los hombres; los espíritus también podían bajar a la tierra, con lo cual las posesiones eran frecuentes.
Muchos historiadores y estudiosos de civilizaciones antiguas señalan las similitudes con la civilizacón sumeria.
En esta leyenda, Huang-ti es en parte responsable en esa separación entre el cielo y la tierra, con lo cual se convierte en héroe, ya que libera al hombre de esas opresiones y desórdenes.
Además, al ordenar a Tch’ong-li la separación del cielo y la tierra, participa en la organización del mundo tal y como lo conocemos en la actualidad.
Muchos investigadores de la antiguedad y del fenómeno OVNI aseguran que tenía contacto con extraterrestes.
En su tumba aparecieron los famosos “SOLDADOS DE TERRACOTA”
Hace casi cuatro décadas un grupo de campesinos que recogía agua en la región china de Xi’an se topó con uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de finales del siglo XX: los guerreros de terracota que protegen la tumba del primer emperador chino, Qin Shi Huang Di, una enorme pirámide artificial cuyos secretos no hacen más que ocultarse en el subsuelo, más y más, a cada paso de los arqueólogos.
Fuentes: Más Allá, Eduardo Berti y PortalNet
Karen Alvarez
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